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Índice
PRÓLOGO
parte 1-Pequeñas Tías
………. 1
parte 2 - Uncabunca ………. 5
parte 3 - Tío Bobadillo
………. 9
LOS CUENTOS DE TÍO BOBADILLO, PRIMERA PARTE:
UN TIEMPO FUISTE PEQUEÑA IGUAL QUE YO
………. 13
Como Kokopelli aprende a Ser Bueno
………. 15
Cordelia y el Mi-mi Pajaro ..…….. 27
Coyote Se Muda ………. 35
LOS CUENTOS DE TÍO BOBADILLO, SEGUNDA PARTE:
CUENTOS ALTOS ………. 43
Cordelia Salva el Circo
………. 45
Problemas con las Gallinas
La Primera parte, Los problemas con las gallinas
………. 53
La Segunda parte, Los problemas con las ranas
………. 59
La Tercera parte, Los problemas con las serpientes
………. 65
La Cuarta parte, La contesta ………. 71
La Cincuenta parte, El regreso triunfante
………. 77
El Mejor Ladrón de Todos Los Tiempos
………. 81
Tábano en Estofado ………. 91
Amor de Calabaza ………. 95
Piratas y La Ciudad de Maraches ……….
103
Mi Pequeño Angel ………. 109
Años Despues-Cordelia Pelea Con La Gripe
………. 117
Prólogo, Primera Parte: Pequeñas Tías
Esto sucedio una mañana cuando Cordelia
cumplia cinco años. Se bajó de su cama y se puso
sus pantalones. Ella se puso su playera favorita,
marrón-chocolate, color que combinaba con su pelo, sus ojos,
y sus cejas inquietas. Ella se puso sus calcetínes y . . .
oye, que es esto?
Sintió que algo habia en sus pantalones. Algo
pequeño.
"Hey, mami!" gritó Cordelia, retorciendose como un gusano
ondulado. "Tengo hormigas en mis pantalones!"
Su mama, la doctora Penca, saltó de su cama y
entró de prisa, todavía en su camisón
de dormir.
Su pelo negro se esparcía en todos direcciones. "Hormigas en
tus pantalones. Oh Dios mio!"
La abuela de Cordelia, de pelo gris, escuchó el grito y se
apresuró con Jack El Perro a su lado.
"Lo que necesitamos," dijó Anacely, "es un armadillo."
Armadillos son criaturas escamosas, como gatos gordos, que aspiran
hormigas.
Jack El Perro corrió hacia el desierto, y rapidamente
volvió con un armadillo montado en su espalda.
"Necesitamos tu ayuda," Anacely explicó al armadillo. Ella
lo levantó y lo colocó a los pies de Cordelia.
Cordelia sabía exactamente que hacer. "¡Hormigas,
hormigas, salgan de mis pantalones!" ella les ordenó.
Entonces, ella hizo un ruido con la lengua contra sus dientes,
tick-a-tick-a-ticka, como una araña rozando, buscando
hormigas para comer.
Las hormigas huyeron por las piernas de Cordelia. El armadillo estaba
esperando. El aspiró todas ellas, hasta la ultima.
"¡Bien hecho!" dijó Penca.
Cordelia besó al armadillo entre los ojos, y cuando lo
hizó, escuchó una pequeña voz:
"¡Auxilio!" gritó. "¡Un armadillo nos ha
comido!"
"Que extraño," dijo Cordelia. "Los hormigas no pueden
hablar."
"No somos ese tipo de hormigas," dijó la voz. "Somos tias
humanas, pero pequeñitas."
"¡Mama!" dijó Cordelia, "¡ha pasado un
grave error! Ellas no eran hormigas! Ellas eran tias humanas!"
Por suerte, Penca era doctora y supo que hacer. Ella levantó
al armadillo, lo envolvió en sus poderosos brazos rodeando
su pecho escamoso, y estrechó. Por su largo hocico
voló una entera hilera de tias pequeñitas.
La vista estaba totalmente imponente, especialmente para
Anacely, porque estaban volando directamente hacia ella. Cuando ella
dio un grito ahogado, uhhh! Estuvieron aspiradas abajo de su garganta y
en su estómago.
Cordelia pensó, Eso es el final de aquellas pobres tias
pequeñitas. Pero no fue así. Dio la casualidad,
que les gusta estar en el estomago de Anacely. Cualquiera cosa que
Anacely comiera, ellas comerían. Cualquiera cosa que Anacely
bebiera, ellas beberían, y despues de un poco, ellas
empezaron a crecer.
"¡Dejenos salir!" gritaban ellas. "Esta demasiado oprimido
aqui!"
"¡Ella me dio un codazo!" dijó una
pequeña voz.
"¡Ella lo empezó!" dijó otra voz.
"¡Tengo un dolor de cabeza! ¡Necesito un medico!"
Se quejó la tercera.
"Debería de ser un poco paciente," Penca dijó
"Dejenos salir!" gritaron. "Prometemos ser buenas! Nos cambiaremos de
vivienda! Ustedes no lo lamentarán."
"Esta bien," dijó Anacely. En verdad, le gustaba tenerlas
dentro, pero estaban creciendo demasiado para sus pantalones.
Habían estado ahi desde hace nueve meses! Así
que, Anacely eructó, y volaron todas las tias de Cordelia.
Como ellas prometieron, se fueron.
Y eso es de donde vienen tías.
Quizas esto puede sonar extraño, pero pregunta a tu mama, y
ella te dirá, ella te eructaba cuando estaba un bebe
también!
PROLOGO, la segunda parte
Cordelia estaba tratando de dormir una noche cuando ella
escuchó un ruido poco común, que venía
de abajo de su litera.
¡Pon, pon, pon!
Oye, ella pensó, como puedo dormir?
¡Pon, pon, pon!
"Detentelo!" Ella gritó. "¡No puedo dormir con
todo ese ruido!"
¡Pon, pon, pon!
Cordelia dió la vuelta y echó una ojeada abajo de
la cama. Ahí ella descubrió un pequeño
hombre, construyendo una pequeña casa.
"Hola, hombrecito," dijó ella. "No construya su casa
ahí. Hace demasiado ruido, y estoy tratando de conciliar el
sueño."
"Lo siento," el contestó, "pero no puedo parar."
¡Pon, pon, pon!
Cordelia bajó de la cama, y se dirigió a la
cocina.
"¿Porque estas despierta tan tarde?" preguntó su
mamá Penca.
"No puedo dormir," ella dijó. "Hay un hombrecito
construyendo una casa debajo de mi cama, y dice que no puede parar."
Penca pensó que Cordelia estaba imaginando cosas. "Quisas
deberias pedirlo amable," ella sugirió.
Cordelia bebió su jugo de naranja, llevó una
escoba y una pala, y volvió a su litera.
"Hola, hombrecito," ella dijó. "¡Por favor, salga
de abajo de mi cama!"
"Lo siento, pero no puedo," le contestó.
"¡Pero te pedí muy amablemente!" ella
señaló.
"Es cierto," el contestó, "Pero no puedo. Mis disculpas." El
siguió martillando, pon, pon, pon!
Cordelia metió la escoba debajo de la cama y
empezó a fisgonear.
"Oye!" gritó el hombrecito, "Para de fisgonear!"
"¿Entonces saldrás?" preguntó ella.
"¡No, no lo haré!" el contestó.
Asi que, Cordelia sacó al hombrecito y a su casita de debajo
de su cama con la pala. Ella lo pusó rapidamente en una caja
de zapatos y lo celló con cinta.
"¡Dejeme salir!" gritó.
"Lo siento," Cordelia dijó, "pero no puedo." Entonces, ella
durmió.
La noche siguiente, ella dormía cuando,¡ tink,
tink, tink!
"Ay, no," pensó ella, "¿Ahora que?"
"¡Tink, tink, tink!"
Ella dió una vuelta y miró abajo de la litera.
Ahí ella vió a otro hombrecito, toqueteando con
otra casa.
"Hola, hombrecito," ella dijó. "¿Por favor,
puedes parar toqueteando? Haces mucho ruido. Estoy tratando de
conciliar el sueño."
"Lo siento," el contestó, "pero no puedo." El dió
un guiño y entonces . . . "Tink, tink, tink . . ."
"¡Eso es lo que piensas!" dijo Cordelia. Se
dirigió a la cocina.
"¿Que haces despierta tan tarde?" preguntó su
abuela, Anacely.
"No puedo dormir, abuela," ella contestó. "Hay un hombrecito
toqueteando debajo de mi cama."
"¿Tu toqueaste orinando abajo de tu cama?"
preguntó Anacely, preguntaba como era possible. "Bien,
supongo que tu deberías secarlo."
Cordelia bebió su jugo de naranja, cogió un largo
trapeador mojado, y volvió a su cuarto.
Entonces, ella sacó al segundo hombrecito y lo
pusó rapidamente en una caja.
"¡Dejeme salir!" el gritó.
"Lo siento," Cordelia contestó, "pero no puedo." Entonces,
ella durmió.
En la cuarta noche, Cordelia atrapó a otro hombrecito
trabajando en otra casita, y lo pusó rapidamente en otra
caja para añadirlo al montón.
"Esperémos que eso sea el final de eso," dijó
Anacely.
Pero no fue. Porque a la mañana siguiente, las seis cajas
habían empezado a crecer.
"Maravilloso," dijó Cordelia, "¿Que puedo hacer
con todos esas cajas?"
Entonces ella recordó sus seis tias pequeñitas.
Cordelia las llamó por teléfono.
"Tengo seis buenos hombrecitos aqui, todos estan en cajas," ella
explicó. "Pueden usarlos?"
"Claro que si!" las tias contestaron. "¡Envianolos!"
Y así es de donde provienen los tíos.
Prólogo, tercera parte: Tío Bobadillo
Muchas noches mas tarde, Cordelia estaba durmiendo
cuando escuchó un ruido extraño, que proviniente
de bajo de su cama.
¡Rich, rich, rich!
Maravilloso, ella pensó, ¿ahora que?
¡Rich, rich, rich!
"Basta!" gritó ella. "¡No puedo dormir con tanto
ruido!"
¡Rich, rich, rich!
"Ay caramba, vamonos otra vez," ella se quejó en voz alta.
Ella dió una vuelta y echó una ojeada abajo de la
litera. Ahi ella vió un séptimo hombrecito,
sentada en una pequeña mesa.
Pelo gris rodeaba su cabeza. El llevaba una camisa gris, pantalones
azul y calcetines negros con agujeros en las puntas.
El hombrecito estaba garabateando como un loco con una pluma de ganso,
rich, rich, rich, y botando papeles a través del suelo.
"Hola, hombrecito," dijó ella.
"¿Por favor, pudiera parar de raspar?"
"Lo siento," contestó el, "pero no puedo." Rich, rich, rich.
Cordelia se deslizó de su cama y se dirigió a la
cocina.
"¿Porque estás despierta tan tarde?"
preguntó Anacely.
"¿Hay otro hombrecito?" preguntó Penca.
"Si," dijó Cordelia, asentiendo la cabeza.
"Cogeré el trapeador," dijó Anacely.
"Cogeré la escoba," dijó Penca.
"Cogeré el armadillo," pensó Jack El Perro, y
corrió afuera en la noche.
Tan pronto como el volvió, todo el mundo se
reuinó en el cuarto de Cordelia.
"Estoy seguro que puedo cogerlo con esta escoba," dijó Penca.
"Creo que mi trapeador servirá mejor," Anacely
dijó. Los dos empezaron a dar empujones abajo de la litera.
"¡Oye!" gritó el hombrecito. "Estoy
tratando de escribir!"
"Quizas deberías tratar con el armadillo," dijó
Cordelia.
Probablemente, Cordelia pensó correctamente. Pero en ese
momento, Penca chocó contra Anacely, Anacely
chocó contra Jack El Perro, Jack cayó sobre el
armadillo, y el armadillo sopló fuerte, pffffff.
"Oye!" dijó el hombrecito. "¡Estás
soplando los papeles!"
Anacely y Penca pensaron que lo tenían.
Ellos dieron empujones y pinchazos muy rapido. Por fin, ellos sacaron a
ese hombrecito de debajo de la cama.
"Por ultimo," dijó Cordelia.
"Puedes traer otra caja de zapatos?" Dijó su madre. Cordelia
buscó, pero no pudo encontrar una.
"Quizas pudiera mantener este como mascota?" ella sugirió.
Antes de que cualquiera pudiera contestar, un viento de repente
sopló por la ventana.
Los papeles del hombrecito volaron en el aire.
"¡Rápidamente!" gritó el hombrecito.
"¡Agarrenlos!"
Todos trataron, pero la racha fue demasiado lista, tirando los papeles
por todos direcciones.
"Agarrenlos!" gritó el hombrecito otra vez. El
saltó sobre el armadillo, brincó sobre Jack El
Perro, y saltó sobre Anacely.
Ahora fue casi exactamente la altitud correcta para alcanzar esos
papeles, y de verás habría sucedido si no por una
cosa-ese fastidioso viento. Viró y barrió los
papeles hacia la ventana.
"Sus cuentos!" gritó el hombrecito. En un movimiento
desesperado el saltó de cabeza, persiguiendo los papeles.
Ellos rondaban en el aire, un poco mas allá de sus dedos,
como si le burlaran. Por un momento, el flotó ahi tambien,
un poco detras de ellos, pareciendo muy preocupado.
"Solo son pequeños pedazos de papel," dijó
Cordelia.
El hombrecito volvió la cabeza y miró en sus
ojos. "Estos son tus cuentos," el susurró. "Contienen tus
memórias."
Entonces el viento aumentó, barriendo los papeles y el
hombrecito salió por la ventana, y al cielo.
"No te preocupes," el gritó. Los verás otra vez,
un dia, tienes mi promesa. Porque soy tu Tío Bobadillo."
"Pero es muy pequeño!" Cordelia dijó.
Ella puede apenas oirlo ahora, cuando el gritó, "Un tiempo
fuiste pequeña tambien, igual que yo. ¿Recuerdas?"
Todos se apresuraron a la ventana y lo buscaron, pero había
desaparecido.
"Que significaba eso hombrecito en mis memórias?"
preguntó Cordelia.
Penca y Anacely se miraron la una a la otra, y encogieron los hombros.
Entonces, ellos se volvieron a Cordelia y preguntaron,
"¿Qué hombrecito?"
Y eso fue el inicio de los Cuentos de Tío Bobadillo.
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